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EL DESPERTAR IV-a: OVNIS sobre San Petersburgo
(Archivo original: The Wave - Part 11e)

Lecciones, es todo lo que existe...o,
Laura descubre el Reiki y termina en la sopa... de arverjas.

¿Recuerdan lo que dijimos en la sección anterior?

"En apariencia había alcanzado un estado de amor y aceptación de todas las personas, de respeto por todas las sendas individuales y compasión por todos los que se afanan dentro de sus propios estados de ignorancia. Estaba trabajando tan denodadamente como podía (y aun en mi estado de deterioro físico, el esfuerzo era considerable) para "arreglarle" las cosas a todos aquellos que lo solicitaban. Ciertamente no lo hacía por dinero. En cierto sentido, estaba en una situación tan mala como cuando aquella "voz" me había indicado que debía "aprender" acerca del mal. A no dudarlo, estaba tratando. Estaba tratando de aprender cómo identificarlo. Lo que no sabía y estaba a punto de aprender, era que a menudo aquello que se presenta como proviniendo de la luz y de la verdad NO lo es, siendo más bien una impostura y un engaño. Esta era aun la parte "no aprendida" de la "lección del amor". Ya había aprendido la lección de que las grandes organizaciones religiosas pueden ser un camino hacia la destrucción personal, lo que aun no sabía es qué tan sutil y tortuoso podía llegar a ser ese engaño y como podían manifestarse estos extremos a niveles individuales."

El significado de esto, en términos prácticos, era que yo había expandido mis conceptos hasta englobar más o menos la consigna de la Nueva Era del "Amor Incondicional", es decir, el amor por todo el mundo y todas las cosas, rodeando el propio ser con vibraciones de amor y luz reafirmadas día a día por medio de la meditación y concentración en el fin propuesto, y más o menos navegando a través de la vida con la convicción de que si se CREE firmemente que la finalidad de la vida es AMAR todo y que todo lo que hay es AMOR, entonces eso es precisamente lo que se experimentará. También presupone la mística del perdón en su más amplia acepción: el constante "cancelar las debilidades de la otra persona" puesto que, en el gran esquema de las cosas, ¡nadie tiene en realidad NINGUNA debilidad! Las personas simplemente son lo que son, y es nuestro deber amarlas y llevarnos de la mejor manera posible; ir con la corriente, aceptar todas las cosas y personas tal y como son, y en general, ¡abandonarnos todos a una gran orgía de amor y luz! ¿Qué otra reacción cabría esperarse una vez que se ha comprendido que no existe el pecado original, y que todos somos en verdad uno solo? Y eso parece ser lo que mis propias experiencias me estaban enseñando, ¿no es así?
Sí y no.

Nuevamente, para dar un ejemplo práctico de cómo se perfiló la siguiente lección, retornaremos a los eventos de la "escuela" (entiéndase, mi vida).
Un día después de mi "pequeña conversación con Dios", mi madre me llamó para que viera una carta que había encontrado en su buzón. Venía de un organización local de pensionados y ofrecía un curso de enfermería doméstica para personas retiradas o con discapacidades físicas que estuvieran buscando una "nueva carrera" y la oportunidad de salir de la casa, realizar una labor útil, remediar el problema del aburrimiento y ganar dinero. ¡Vaya si era una buena oferta. A mi madre le sonaba demasiado buena para ser verdad. Para el caso de los pensionados era totalmente gratis, y todos los suministros requeridos, incluyendo uniformes y transporte hacia y desde el sitio donde se impartía el curso, eran suplidos sin costo alguno. Aquellos que estuvieran interesados debían llamar inmediatamente y reservar un lugar en la clase.
Mi madre estaba considerablemente emocionada con la oportunidad de ponerse en acción e incorporarse de nuevo al mundo. Estuve de acuerdo en que si deseaba tener una nueva "carrera" debía comunicarse de inmediato. Lo hizo, y se enteró de que era una de las últimas personas en ser aceptadas, ya que la acogida a la oferta del anuncio había sido poco menos que apoteósica, ¿y quién podría sorprenderse de tal resultado?
Aproximadamente una semana después de haberse iniciado el curso mi madre me contó que una de las damas participantes le había girado una invitación para acudir a una "velada" en su casa al siguiente Miércoles por la noche, y ella se sentía más o menos obligada a aceptar puesto que la dama en cuestión había estado buscando su compañía durante los recesos del almuerzo y, en general, había hecho enormes esfuerzos por mostrarse condescendiente y amistosa. El asunto era que necesitaba que yo la llevara en el auto al domicilio de la mujer. Yo estaba tan contenta de ver su deseo de ocupar su vida en algo nuevo, que no tuve ningún problema en acceder a la petición.

En este punto, luego de la experiencia con el OVNI, que había supuesto un incremento de todos mis padecimientos físicos hasta niveles críticos, tenía que ser extremadamente cuidadosa en la manera de administrar mis energías para poder realizar todas las actividades diarias que resultasen prioritarias. Aún así, a veces ningún cuidado resultaba ser suficiente y a menudo me encontraba del todo desprovista de energía. Me había visto obligada a reducir de manera considerable las sesiones de hipnosis y a programarlas con un día de por medio, mismo que empleaba para restablecer mis fuerzas. Además, casi todas las noches sufría de ataques de angina e hinchazón de los ojos y de las membranas mucosas de la garganta, lo cual yo suponía que era el resultado de una alergia provocada por sobrecarga de actividad: me había convertido en una adicta al "benadryl" para aliviar algunos de estos síntomas, pero esto a su vez tenía el efecto secundario de casi "tumbarme" fuera de combate. No era, ciertamente, la mejor manera de sobrellevar los rigores de la vida diaria, y debo reconocer que mi nivel de funcionalidad como ser humano era el más bajo que podía esperarse en una persona... ¡que aún presentaba la equívoca apariencia de funcionar normalmente! Estaba segura de que no habría quien pudiera echar un vistazo sobre mí y encontrar que algo estaba mal, pero me encontraba atrapada dentro de un cuerpo que se asemejaba más a una máquina que sufría un corto circuito detrás de otro y estaba en curso irremediable hacia una falla general de todos los sistemas (obviamente, la posibilidad de que nuevos circuitos se estuvieran formando nunca pasó por mi mente, pero el convencimiento de que esto era así sobrevino más adelante).

Así que mi madre tenía esta invitación, y yo hice todos los arreglos necesarios para poder suministrarle el transporte. Pero llegado el día, me encontraba con tan intenso dolor y extremo agotamiento que no veía la manera de poder hacerlo. Mi madre estaba plenamente consciente de mi estado y no insistió más en el asunto. Cerca de la mitad de la tarde, tuve que tumbarme en la cama y de inmediato caí en un sueño profundo. Me desperté un par de horas más tarde y, sorprendentemente, ¡me sentía casi del todo bien! Recordé que se suponía que debía hacer algo y miré al reloj, solo para caer en la cuenta de que debía recoger a mi madre y que apenas contaba con el tiempo suficiente para llevarla a su velada. La llamé por teléfono para decirle que me sentía mejor y asegurarle que iba a pasar a recogerla en unos cuantos minutos.
Cuando llegamos al lugar de la velada, no estaba del todo segura de qué era lo que estaba sucediendo. Había cerca de quince personas de pié y con las manos posadas sobre otros individuos que se encontraban yaciendo horizontalmente sobre un total de tres mesas de masajes. Gruesas volutas se alzaban por encima de unos incensarios y había música de la "Nueva Era" sonando en el fondo; algunas de las personas tenían los ojos cerrados en estado de profunda tranquilidad meditativa. Por un momento pensé que había entrado en mitad de una sesión de "imposición de manos" de corte fundamentalista pero en su nueva versión acuariana, ¡o algo por el estilo!

Siendo del tipo de persona que trata siempre de guardar un balance entre la curiosidad insaciable y los buenos modales (¡cosa que en algunas oportunidades no me exime de ser causante de situaciones cómicas!), una vez se le dio curso a las presentaciones de rigor me arrellané en una silla, y pregunté acerca de lo que se encontraban haciendo, la idea detrás de aquella curiosa actividad y el procedimiento exacto que estaban siguiendo (como se ve, ¡nadie puede decir que soy de los que se andan por las ramas!). Esperaba algo así como: "Estamos rezando", o "estamos proyectando energías positivas para el bienestar general", o algo por el estilo. No obstante, la respuesta fue: "Estamos canalizando Reiki".
Bien, "¿Y qué se supone que sea Reiki?
Me fue entonces relatada la historia completa del Dr. Usui por boca de los varios participantes mientras seguían allí con sus manos posadas sobre los "pacientes". Cada movimiento y colocación de las manos me fue explicado, y conforme presentaban más y más detalles del asunto, yo me volvía cada vez más escéptica. Es decir, de todos los métodos de sanación de que había escuchado o leído algo, ¡este tenía que ser sin lugar a dudas el más nebuloso e improbable! Me parecía del todo ridículo pretender que alguien pudiera "iniciar" o "sintonizar" a otra persona para darle la habilidad o "poder" de canalizar cierta energía supuestamente milagrosa y que a su vez podía ser transmitida a una tercera persona y tener efectos sorprendentes y poco menos que milagrosos! La siguiente cosa que esperaba que dijeran es que el Reiki puede ayudarle a uno a caminar sobre el agua. Pero antes de que salieran con eso, yo ya iba a estar del otro lado de la puerta. Se me instó a "probar", pero decliné la invitación con no poca diplomacia. Me habría sentido perfectamente ridícula acostada sobre una mesa con cinco personas colocando sus manos sobre mí por espacio de 45 minutos. ¡Eso estaba fuera de toda consideración!
Pero yo hacía un esfuerzo por aparecer amable y gentil en medio de mi escepticismo, y muy pronto la conversación dio un giro hacia el tema de la astrología (terreno familiar para mí) y yo mencioné de pasada que tenía un programa de computadora que hacía muy buenas cartas astrológicas. Entonces la mujer anfitriona de la casa me ofreció hacer un trato... tres sesiones de Reiki a cambio de una carta astrológica.
¿Qué tan obtuso puede uno llegar a ser? Trataba de adivinar el coeficiente de inteligencia de esta chica en números que no fueran tan injuriosos, porque después de todo, ¡me estaba ofreciendo varias horas de su tiempo y esfuerzo a cambio de unos pocos minutos de ingreso de datos e impresión! No me parecía demasiado justo, pero pensé que si ella era tan ingenua como para estar convencida de que podía "canalizar una energía vivificante" hacia mi a través de sus manos, y estaba dispuesta a tomarse todas esas molestias para hacerlo, ¿porqué no podía ser yo un conejillo de indias complaciente? Estaba convencida de que todo sería un fracaso, pero también entretenía la idea de que quizás era su manera de obtener una carta astrológica que de otra forma no sabía como conseguir. Así que, para no ser del todo despectiva, accedí a su propuesta. Arreglamos una cita para el siguiente día y, a no dudarlo, no dejé de hacerme presente.

Así que, allí estaba yo, en una condición tan deplorable que hube de ser asistida para acostarme en la mesa de masajes que fue instalada en la sala de mi casa. Y más embarazoso aún, ¡me dormí en mitad del tratamiento! Cuando puso sus manos sobre mí, lo único que en realidad sentí (y estaba poniendo mucha atención a todo lo que pasaba, si bien tenía una buena dosis de escepticismo), fue una especie de tibieza que no parecía ser otra cosa que el calor normal que sería de esperarse cuando una persona posa sus manos sobre otra. No obstante, me aguardaba una enorme sorpresa a la hora de levantarme de la mesa al final del "tratamiento": ¡casi no podía ponerme de pié! ¡Me sentí tan mareada que me parecía estar completamente borracha! Cuando traté de dar algunos pasos tuve que sujetarme de los muebles y las paredes para evitar caer al suelo. Tuvieron que ayudarme a llegar a mi habitación, adonde me desplomé encima de la cama y cerré mis ojos. Pero eso no trajo alivio alguno, porque sentía la misma sensación de mareo y resaca que se asocia con una noche de farra. Cuando abría los ojos y trataba de enfocar la vista en el cielorraso o las paredes, todo daba vueltas como si hubiera saltado de un tiovivo en movimiento y hubiera caído de espaldas para contemplar como el cielo y las nubes no paraban de girar. Estaba realmente preocupada de que finalmente mi sistema se hubiera trastornado del todo, y rezaba para que se me pasara. La sensación de nausea era horripilante. Ensayé algunas respiraciones profundas y me concentré en detener el frenesí que había entro de mi cabeza, hasta que me quedé dormida.

Esa noche dormí mejor de lo que había dormido en los últimos 18 años. Pero no fue sino hasta el día siguiente, cuando estaba vaciando la secadora, que me di cuenta de que mi espalda no me dolía. No solo eso, a esas alturas del día ya había terminado una mayor cantidad de labores domésticas de lo que normalmente puedo realizar. Había estado completando una labor detrás de otra y pasando a la siguiente sin apenas notar ninguna cosa fuera de lo común. No fue sino hasta que ya llevaba un buen número de horas ocupada en todo esto, que me di cuenta de que había algo diferente: algo hacía falta, y ese "algo" no era otra cosa sino mi dolor familiar y consuetudinario.
Ahora bien, para una persona que se ha acostumbrado a funcionar en circunstancias de dolor crónico y que ha debido desarrollar diversas formas para maniobrar a través de la vida cotidiana en presencia constante de dolor físico, el caer en la cuenta de una cosa como esa resultaba tan prodigioso, que hube de sentarme y recorrer mentalmente todo mi cuerpo para verificar que no hubiera algún acostumbrado aguijoneo aquí o allá. Efectivamente, no había NINGÚN dolor. No obstante, estaba convencida de que en cualquier momento iba a ser de nuevo atenazada por algún dolor, así que me incorporé en forma cuidadosa y continué con las labores, haciendo un constante monitoreo de mi condición para detectar el momento en que todo se revertiría a su estado normal. De hecho creo que deseaba que el dolor regresara porque de lo contrario, ¡iba a tener que aceptar que el Reiki funcionaba! Y ciertamente una no podía transitar por la vida dando crédito a semejantes patrañas... ¡Vaya si estaba en un dilema!.

Una cosa debe quedar bien clara en todo esto: estaba totalmente prejuiciada en contra de cualquier posibilidad de que algo como el Reiki pudiera funcionar. Pero algo en concreto estaba sucediendo para lo cual yo no tenía ninguna explicación. Había llegado a estar totalmente convencida de que las experiencias de nuestra vida están íntimamente relacionadas con nuestras más profundas expectativas y convicciones, y que la fe es un elemento integral en todo proceso de sanación. De hecho había estado escudriñando en todos los rincones de mi subconsciente para descubrir el elemento causante de todos mis sufrimientos, en virtud del cual todo intento de efectuar una sanación efectiva quedaba derrotado de arranque no más, y sin embargo me encontraba ahora experimentando un efecto como resultado de algo en lo cual no había tenido la más mínima fe. Lo que es más, mi escepticismo acerca del Reiki tenía profundas raíces, no obstante lo cual parecía que el Reiki en verdad funcionaba, o eso era cuando menos lo que se podía deducir. ¿Qué otra explicación cabía? En algún momento comencé a llorar de agradecimiento; solo aquellos que han sufrido un dolor constante y prolongado pueden entender lo que se siente al descubrir que el dolor ha cesado del todo.
Aun así, no bajé la guardia. Si bien tenía un "alivio temporal", esperaba que el dolor retornara.

Debía recoger a mi hija y mientras conducía el auto de regreso a casa le conté cómo el dolor había desaparecido y que en mi opinión se debía al Reiki. Ella se rió de mi y me dijo que solamente había funcionado porque yo había creído que funcionaría. Le indiqué que había sido más bien todo lo contrario, y puesto que ese era el caso, ahora me preguntaba qué cosa habría detrás de todo este asunto del Reiki.
No hace falta decir que las cosas siguieron mejorando progresivamente. Al cabo de una semana y dos tratamientos más, estaba convencida de que lo que fuera que estaba sucediendo en verdad estaba funcionando. Luego de esto comencé a asistir en forma regular a las "veladas". No solamente había sido curada del dolor de espalda, sino que los ataques de angina disminuyeron hasta casi desaparecer, la inflamación de los ojos y la garganta cedió por completo, mi nivel de energía alcanzó alturas inéditas y yo me encontraba ahora en capacidad de atender a un número mayor de clientes y estar en mayor actividad, ¡todo lo cual me sentaba de maravilla! No obstante seguía sospechando que todo esto no era exactamente obra del Reiki mismo, sino de una transferencia de energía que cualquiera podía conseguir con solo pasar cerca de 40 minutos con las manos colocadas sobre otra persona. Así que, si bien estaba experimentando beneficios innegables, seguía teniendo mi propia teoría acerca de todo el asunto. Consideraba que era absurdo pensar que una persona pudiera "conferir" esta cualidad casi mágica sobre otra persona, y para probar este punto, estaba ansiosa de que el maestro Reiki que había iniciado a mis nuevas amistades se presentara en la ciudad para dar una demostración especial, ya que esa había sido justamente la finalidad de las "veladas": atraer a nuevos estudiantes. Yo me presentaría armada con todos mis poderes de observación y mi escepticismo recalcitrante, para abocarme a realizar una investigación concienzuda. Si había alguna sustancia detrás de todo este asunto del Reiki, yo estaba dispuesta a probarlo. No tenía ninguna intención de suscribirme a ninguna creencia en particular sin antes tener una prueba más menos tangible.

Cuando se llegó el día de la primera iniciación, yo me encontraba allí, carabina al hombro y con buena dotación de municiones, aguzando la vista para desenmascarar cualquier tipo de truculencia y con los oídos atentos a cualquier retórica sospechosa que pudiera revelar la verdad detrás de todo esto, a saber, que se le estaba cobrando a la gente grandes cantidades de dinero haciéndoles pensar que podían "canalizar la energía Reiki", cuando el efecto real era meramente el de un flujo de energía natural que estaba disponible para todo aquel que tuviera la suficiente paciencia como para pararse junto a otra persona con las manos extendidas. Lo único que puedo decir que sentí durante el proceso de "entonación" fue una especie de flujo generalizado de calor desde mi abdomen y en dirección ascendente hacia mi cabeza, a la vez que un pequeño chasquido en el interior de mi cabeza. Pero la impresión era tan nebulosa que rápidamente la catalogué como una observación subjetiva.
Pero lo que pasó más tarde esa misma noche, fue sorprendente. Se nos dijo que luego de la entonación el cuerpo experimentaría algunos "síntomas" de ajuste tales como excesiva sed y urinación e inclusive diarrea. Lo que no estaba esperando era el hecho de que, cuando ponía las manos cerca de alguno de mis niños, podía percibir un inequívoco flujo de calor hacia las palmas de mis manos, similar a la sensación producida por un secador de cabello. Percibía este flujo ANTES de que acercara la mano lo suficiente como para poder detectar el intercambio "normal" de calor entre dos cuerpos. Diría que era claramente perceptible a una distancia de 6 pulgadas, y había una sensación "magnética" relacionada a este calor; una sensación comparable a la atracción que se siente cuando se colocan dos imanes lo suficientemente cerca uno del otro como para que interactúen entre sí. La primera vez que sucedió, mi reacción refleja fue la de retirar mi mano como si me hubiera quemado, pero luego comencé a experimentar un poco: acercaba poco a poco la mano hasta que podía claramente identificar el punto en que se iniciaba esta sensación de atracción, y luego la movía aun más cerca en pequeños incrementos para percibir el efecto con cada aproximación. No hay duda de que había un efecto, y también los niños podían percibirlo.

Un poco más tarde esa misma noche, estaba sentada en el sofá y mi hijo vino a sentarse en el piso recostándose contra mis rodillas. En ese momento pude percibir el calor comenzando a pasar de mis piernas hacia su cuerpo exactamente como el efecto del "secador de cabello". Aparentemente el efecto no se limitaba a las manos: ¡todo el cuerpo era susceptible de percibirlo! Muy pronto el calor era tan intenso, dentro de una habitación refrescada por medio de aire acondicionado, que mi hijo se quejó: "¡Mamá, está demasiado caliente aquí!" y se retiró a otro lugar. A estas alturas estábamos los dos sudando.
Varios meses hubieron de transcurrir antes de que el efecto finalmente se disipara, en lo que concierne a los niños, si bien continúa presentándose hasta la fecha cuando quiera que toco a alguna persona que tiene un déficit de energía. Supongo que en el caso de los niños, ellos terminaron por "energetizarse", de manera que ya no "absorbían energía" tan intensamente. Por supuesto, si alguno de ellos cae enfermo, se efectúa una "absorción de energía", pero nada que se asemeje a lo que sucedía en la época de la iniciación del Reiki. (Algún tiempo después, cuando recibí el nivel Maestro de entonación, las palmas de mis manos literalmente se levantaron en ampollas para luego quedar despellejadas por espacio de varias semanas).

Así que el resultado final fue que me di cuenta de que hay realidades OBJETIVAS susceptibles de ser experimentadas sin que se requiera ningún acto de fe. Si se conoce lo suficiente acerca de ellas, o se tiene acceso a ellas, es posible descubrir los principios por medio de los cuales puede uno alinear sus acciones para obtener resultados subjetivos.
Pero la idea aquí no es hablar del Reiki en sí mismo. Más importante aun son las personas involucradas en el asunto, así como las lecciones que me fue posible obtener a raíz de mi relación con ellas. Pero pareciera ser que la sanación que obtuve por medio del Reiki fue un evento arreglado de antemano para preparar el terreno en el que las lecciones posteriores se iban a desarrollar. Este grupo de Reiki era una colección bastante curiosa de individuos. El elemento común, según pude determinarlo, era que todos pertenecían a una iglesia local de corte Metafísico-Espiritualista que había traído al maestro Reiki al área como parte de su programa de presentación de diversos invitados. Aparentemente este grupo también había organizado seminarios relacionados con otras enseñanzas diversas, y estaba involucrado en la popularización de modalidades tales como el "Huna Hawaiano", la cirugía psíquica, la Kabballa, el Tarot, los saunas ceremoniales, y entre las diversas clases que se impartían estaban las de meditación, canalización, shamanismo de los Nativos Americanos, y otras más. ¡Era un auténtico supermercado de mercaderías de la Nueva Era!
Ahora bien, como había tenido una confirmación de primera mano acerca de la utilidad del Reiki, estaba bastante ansiosa por ver qué otras cosas había en el menú. ¡Diantre!, si eso había funcionado, quién sabe de qué otras cosas me había perdido en los años en que había sido estudiante pero no participante. Un nuevo mundo abría sus puertas enfrente de mi, ¡y yo estaba lista para cruzar el umbral! Nunca he sido una persona muy gregaria ni muy dada a unirme a grupos de ningún tipo, pero esto corrillo de entusiastas del Reiki que se reunía todos los miércoles por la noche era tan maravilloso y divertido y había tenido un efecto tan profundo en mi, que era hora ya de enmendar esta curiosa propensión a la soledad típica de mi personalidad. Después de todo, había encontrado "mi grupo", o esa era la impresión que tenía.

Compartí un poco de mis experiencias relativas a la terapia de "Liberación de Espíritus" con el grupo, y todos asentían en forma sabia, como dando a entender que sabían bien acerca de tales problemas y que el ministro de la Iglesia Metafísica ya les había enseñado todo lo relacionado con ello, indicándoles que solo debían rodearse de vibraciones de amor y luz y que todo iba a estar bien. Señalé que había un cuerpo serio de investigaciones clínicas que parecían contradecir esto, pero ellos insistieron en que el ministro estaba en lo correcto. Las personas solamente resultaban víctimas de la intrusión de espíritus cuando no eran lo suficientemente diestras en esto de "rodearse de vibraciones de amor y luz", y que la única manera de conseguir esto era, por supuesto, aprendiendo la técnica apropiada bajo la tutela de un maestro calificado como la Gran Reverenda Ruth de la iglesia. Parecía ser que la Reverenda Ruth era además una experta en casi todo lo demás, así que yo estaba en extremo interesada en conocer a semejante parangón. No solamente eso, sino que, además, la adquisición de la llamada entonación del Reiki se suponía que "fijaba la dirección del flujo de la energía" en forma tal que ninguna energía negativa podía entrar en el "campo áurico" de la persona. Así yo ya no tendría que preocuparme de intromisión de espíritus y cosas por el estilo. Me había convertido en un auténtico "ser de la luz" y ninguno de los problemas relacionados con lo más profundo de la psique, así como ninguna forma de manifestación de la oscuridad proveniente del mundo exterior, tendría posibilidad alguna de sobrevivir en presencia de semejante luz. ¡Caray! ¡Menuda ganga! Inclusive comencé a entretener la idea de que todo futuro cliente que acudiera a mí para liberación de espíritus debería de recibir la entonación del Reiki para tener protección infalible de allí en adelante. ¡Yo tenía deseos de compartir el Reiki con el mundo entero! Entrar en contacto con semejante panacea era suficiente como para atizar el fuego del entusiasmo en cualquiera.

Así que fui invitada a la Iglesia. Uno de los miembros del grupo me presentó finalmente a la "Dama Misteriosa", la Reverenda Ruth. Me sorprendió la actitud de devota adoración que adoptaban todos los del grupo de Reiki una vez entraban en el recinto de la Iglesia, y ciertamente no sabía qué pensar de la Reverenda Ruth sentada en su silla de ruedas, pero en el momento en que la miré en los ojos sentí un ligero escalofrío. Creí entrever algo más en esos ojos cuando fijó su vista en mí pero rápidamente la retiró y yo luego desestimé mi fugaz percepción. Seguramente la maestra de todas estas personas maravillosas con las cuales ahora me relacionaba no podía ser menos que una santa. Después de todo, ¿no era ella la fuente que había dado origen a mi salvación, el Reiki?

Lo mismo que en una iglesia ordinaria, el servicio incluía la entonación de himnos, y eso estaba bien conmigo. Mi experiencia como entusiasta cantante de himnos se remontaba mucho tiempo atrás y siempre había sido esta la parte que más disfrutaba de toda la ceremonia de la iglesia. El único problema aquí era que la canción particular que había sido seleccionada del repertorio, era totalmente desconocida para todos. No solo eso: ¡era evidente que la organista tampoco la había escuchado antes! Para empeorar las cosas, la organista apenas tenía los conocimientos más rudimentarios del instrumento, y se demoraba tanto tiempo en colocar sus dedos sobre las teclas en respuesta a la lectura de las notas, que el tempo parecía el de un canto lúgubre de funeral atascado en arenas movedizas. La congregación -casi exclusivamente formada por mujeres- quedaba a la espera de la siguiente nota para poder seguir de alguna manera la melodía. Una vez que la nota venía, parecía ahogarse dentro de un acorde grave similar al gruñido de un elefante en celo, y las voces vacilaban en su esfuerzo por imitar el tono identificado... tan solo para ver como la organista de repente decidía que había tocado la nota equivocada y trastabillaba de nuevo hasta encontrar la correcta, haciendo que la congregación entera jaloneara sus voces a media exhalación para llegar a la nueva nota. Pensé que cuando menos sería improbable que alguien pudiera ser hipnotizado en semejantes circunstancias.
Afortunadamente mi sentido del humor no me había abandonado, no obstante que mi sensibilidad estética estaba siendo agredida hasta un punto en que resultaba verdaderamente doloroso. Puesto que yo no solamente era capaz de leer música sino que además podía cantar, decidí colaborar para mejorar la situación cantando las notas correctas, en el tempo correcto, y lo suficientemente fuerte como para que la gente que estaba cerca de mí pudiera escuchar y seguir la canción. Tenía la esperanza de que esto pudiera ayudar tanto a la organista como a la congregación a salir del trance, y que la pieza pudiera llegar a su debido fin antes de la siguiente glaciación. Esa parte funcionó relativamente bien, y muy pronto todo el mundo ya había entrado en el ritmo de las cosas. El único problema era que la organista estaba quedando irremediablemente rezagada ante el nuevo ímpetu del coro. La canción pudo terminar con cierta gracia y aplomo, si bien la organista continuaba batallando con los compases que aun le faltaban para concluir. A estas alturas, toda la congregación hacía esfuerzos para no estallar en risa, y muchos lo disimulaban tosiendo sobre sus pañuelos. El pobre instrumento fue torturado por última vez para entregar el acorde de cierre, y todos se sentaron aliviados enjugando lágrimas de risa de sus ojos y esforzándose por enseriarse para escuchar la siguiente alocución. Yo tomé asiento y miré alrededor para encontrar la mirada de la reverenda Ruth fija en mí en una actitud tan amistosa como podría resultar la de una serpiente de cascabel enroscada. ¡No había caso en seguir tomándose las cosas con humor! Estaba claro que el humor no era su fuerte.

Una mujer a la que llamaremos "Hillary", quien canalizaba a alguien que se suponía era un Maestro Ascendido, ser descarnado, o vaya usted a saber qué tipo de entidad, estaba dando el sermón. Se trataba de una dulce viejecita de cabello azul que llevaba un vestido de seda estampado y tenía aires de abuelita. Irradiaba ese calor reconfortante de las abuelas. Había iniciado con fina y trémula voz a hablar acerca del amor, de cómo era menester abrir el "centro del corazón", y cosas por el estilo. Había ciertas alusiones veladas a las enseñanzas de Helena Blavatsky y de Alice Bailey en su descripción de los "planos" y los "cuerpos" del alma individual. Conforme iba entrando en calor, sus ojos proyectaban cada vez más un brillo de sutil poder. Su voz se hacía más fuerte y más urgente y su mensaje había dado un giro hacia el tema de la "salvación del mundo" por medio de este amor que se supone ha de manifestarse cuando el centro del corazón está completamente abierto y conectado a estos "planos y cuerpos", que a su vez son activados a través de ciertas actividades aún no del todo especificadas. Mientras así proseguía, había comenzado a caminar de un lado a otro de manera muy animada. Cada parte de su cuerpo estaba involucrada en la acción, las palabras y el mensaje. Estaba hablando con todo su cuerpo.
Entonces sucedió algo extraño... de repente, mientras pasaba por el frente de la silla pastoral en medio de su animada alocución de amor y luz, se detuvo por un momento como petrificada, y no pudo disimilar un ligero temblor antes de volver a sus cabales. Miró a su alrededor hacia todos los rostros expectantes que contenían la respiración; era un frío examen de la situación en medio del sentimiento de febril anticipación que exudaba la audiencia. Su cabeza sufrió un repentino tironeo hacia atrás al tiempo que su "controlador" pasaba a tener COMPLETO control de ella. ¡En ese momento comenzó la batahola!
No tengo idea de quién podría ser ese tipo que canalizaba, pero puedo asegurar que era realmente bueno. Debe haber sido un predicador Pentecostal en su última encarnación porque aquello era como estar en el apogeo de las viejas asambleas sureñas de Renovación de la Fe. Rechiflas, griterío y drama escénico; contoneos, zapateo y golpes de puño en el podio. Solo había una cosa: el mensaje había cambiado de manera sutil. A esas alturas la mayoría de la gente estaba completamente hipnotizada por el drama dentro del cual habían sido metidos y no se daban cuenta de lo que sucedía, pero yo estaba consciente de la similitud con la Iglesia a la que solía ir en compañía de mi ex-marido, donde había sido expuesta a varios predicadores de la misma guisa. Ya había aprendido lo suficiente acerca del "histrionismo" y del viejo síndrome de los "Lobos en Piel de Oveja" como para saber que estaba en presencia de la misma dinámica hipnótica que era común encontrar en la mayoría de las iglesias cristianas.

El mensaje había pasado del amor, la luz y la apertura del corazón, a la culpa y el castigo inminente por no ser lo suficientemente buenos en eso de dar amor y luz y abrir de par en par el corazón, lo cual solo podía remediarse con mayor asistencia a las clases y sesiones de meditación, y mayor inversión de tiempo y otros recursos (principalmente dinero). Asistir a la iglesia, dar aun más dinero, matricular más clases, y la salvación estaría garantizada. Una fórmula simple. Nada terriblemente inusual. Misma tonada, diferente letra. Luego de que hubo terminado el sermón, una par de personas que asistían a las clases de "canalización" de la reverenda Ruth iban a hacer una "demostración" de sus "poderes". Una de estas era Trudy. Yo miraba con gran interés para determinar cuán efectivas podían ser esas clases.
Trudy se puso su mano en la cabeza y trató de "sintonizarse". "Hay alguien aquí que ha recibido noticias infaustas...", comenzó. Y, como es de suponer, en cualquier situación de grupo ese es un lance que difícilmente dejará de atinar; así que no hubo que esperar mucho antes de que la recipiente de una "infausta" llamada telefónica levantara excitada la mano y dijera "¡sí, sí! ¡Yo!". Acto seguido Trudy se enfocó en esta persona e hizo una serie de pronunciamientos que eran respondidos con un asentimiento de cabeza, o bien, con una mirada de desconcierto.
En realidad fue un acto mediocre de "lectura en frío". Años atrás yo había invertido una buena suma de dinero tratando de determinar la eficacia de varios "interpretadores de señales" y psíquicos del área. No me tomó mucho tiempo aprender sus sistemas de "lectura de señales" a partir de los gestos, expresiones o respuestas de las personas en una búsqueda gradual de lo que aplicaba o no en cada caso, hasta llegar, al final de este ejercicio de sutil sondeo, a realizar un sabio pronunciamiento final, definitivo y "sorprendente", acerca de los hechos que perturbaban al sujeto. Claro está que en muchas ocasiones había notado como cierta información parecía ser "recibida" que estaba claramente fuera del esquema de la "lectura en frío", y que podía ser muy acertada, pero esto no resultaba estadísticamente más significativo o sorprendente que el caso de dos amigos a los que les sobreviene la misma idea al mismo tiempo. Esto no requería de ninguna habilidad psíquica especial. Mi criterio era que todo el mundo es en cierta medida "psíquico", así que no había mérito extraordinario aquí. El problema surge cuando el sujeto de una lectura "sugiere de antemano" la respuesta esperada por medio de la entonación de su voz, o por la fraseología particular empleada en la formulacion de la pregunta. Esto le permite al interpretador saber qué es lo que el cliente desea escuchar, y luego solo tiene que alimentar un poco más el "pensamiento anhelante" de este último. En docenas de ocasiones encontré, mientras experimentaba con este tipo de cosas en años más mozos, que el interpretador era capaz de hacer "predicciones" basadas en lo que el cliente deseaba escuchar, y puesto que se trataba justamente de aquello que el cliente "deseaba" escuchar, la persona que buscaba esta información se sentía en completa sintonía con el interpretador y entonces le atribuía toda suerte de poderes y habilidades que en realidad no estaban presentes. Posteriormente, cuando la predicción NO tenía lugar tal y como se había formulado, el individuo había ya hecho tal inversión de fe en los poderes particulares de su interpretador elegido, que iba hasta los más ridículos extremos con la finalidad de "excusar" la pifia. Esta es una situación sumamente común. Tales "pifias" son las claves que se nos presentan en este tipo de situaciones, a manera de pequeñas "alertas" que nos ayudan a ver el cuadro real de la situación. No obstante, tendemos a ignorarlas, a barrerlas debajo de la alfombra, a excusarlas, para poder continuar creyendo aquello que nos GUSTA creer antes que tener que hacer el esfuerzo de reacomodar nuestro repertorio de creencias para darle cabida a la VERDAD, por la sencilla de razón de que lo que nos gusta creer coincide siempre con todas nuestras nociones preconcebidas acerca de como serían las cosas si fuéramos en verdad los creadores de nuestra propia realidad.

Luego de la pobre demostración de Trudy, otro de los "estudiantes" que no me era conocido se paró para realizar otra "lectura". Por alguna razón me escogió a mí, posiblemente porque la mía le resultaba una cara nueva. Ya hacía tiempo que me había entrenado en la forma de mantener una cara inexpresiva y un tono de voz neutral cuando quiera que tenía que verificar las habilidades de algún "interpretador", así que tuve cuidado de presentar una cara tan informativa como un libro en blanco, al tiempo que suministraba respuestas ambiguas como "tal vez", o "podría describirse de esa manera", y otras por el estilo. Al mismo tiempo estaba "internamente abierta a cualquier contacto", de suerte que si en verdad había un talento verdadero involucrado en esta ocasión, no habría ningún bloqueo deliberado. Estaba resuelta a no obstaculizar la "sintonización", pero igualmente resuelta a no hacer revelaciones externas. Para no alargar la historia, la interpretación fue aun peor de lo que pudo haberse conseguido mediante simple adivinación al azar. Definitivamente no estaba nada impresionada con los graduados del curso de la reverenda Ruth.

Luego de este evento nada memorable, se formó un "círculo de sanación" en el que los participantes se agrupaban alrededor de la reverenda Ruth y su asistente, realizando imposición de manos, recitando oraciones, y proyectando energías cargadas de "amor y luz". No había mucha diferencia con respecto a las ceremonias de imposición de manos que se realizan en cualquier iglesia pentecostal, con la evidente excepción de que en este caso la reverenda Ruth parecía "hincharse" como resultado del contacto. No estaba segura de que mis ojos no me estuvieran jugando una mala pasada, pero lo cierto es que todo el mundo estaba completamente exhausto luego del servicio, así que era evidente que algo estaba drenando las energías de los presentes. De nuevo me preguntaba a mí misma cómo era que un servicio que se suponía debía "alimentar" y "energetizar" a una congregación específica, tenía el resultado opuesto.

Mientras conducía de regreso a casa no escuché otra cosa sino alabanzas para la reverenda Ruth y sus "magnánimas obras". Entonces, una vez que se me consideraba ya como parte integral del grupo, presumo que bajo la suposición de que yo había quedado convencida por la reciente demostración, se me hizo confidente de una revelación. Aparentemente la reverenda Ruth tenía un "círculo secreto" dentro del que se admitía únicamente a aquellos que habían demostrado ser "merecedores" de tal distinción, o bien que habían superado ciertas "pruebas" a las que habían sido sometidos en el curso de su "clases". A los miembros de este grupo interno se les prometía que la reverenda Ruth les revelaría toda clase de importantes secretos. Mi anfitriona ya se había matriculado para la próxima serie de lecciones y sesiones bajo la tutela de la Gran Elegida, con la esperanza de que sería capaz de "pasar las pruebas" para ser admitida" dentro del círculo interno.
Yo no dije nada, pero sabía que no deseaba regresar a aquella iglesia ya que me hacía sentir mal y, en el mejor de los casos, era una completa pérdida de tiempo. No podía entender cómo los miembros del grupo de Reiki, que parecían ser bastante más avanzado que otros grupos que yo había encontrado en el pasado, podían estar tan comprometidos con semejante jerigonza. Pero por otro lado, quizás era yo la que tenía un problema porque resultaba claro que todos los que estaban involucrados en el grupo de Reiki estaban llenos de amor, benevolencia y toda suerte de buenas intenciones.

El grupo de Reiki consistía en una serie de personas de diversas edades y ocupaciones. "Louise", la mujer que había contactado a mi madre con la invitación original, era una dama entrada en años, con estatus de retirada (de lo contrario no habría podido asistir a la clase), no obstante que físicamente parecía ser bastante más joven. No parecía haber pasado de los 35 años. Tenía una figura de portada de revista y una "presencia" tan encantadora y femenina que había que admirarse de su habilidad para "controlar" gente y situaciones sin aparentar ningún esfuerzo en ese sentido. Tenía una voz susurrante que emulaba a la de Marilyn Monroe, una arrebatadora cabellera roja y una piel de alabastro. Además era la persona que le había presentado la idea original de las clases de Reiki a la reverenda Ruth, luego de haber vivido en Virginia Beach y haber estado relacionada por algún tiempo con el grupo de A.R.E. de esa localidad, donde había aprendido todo lo del Reiki y había recibido los grados avanzados. (Se nos insistía en lo afortunados que éramos por haber recibido nuestra iniciación a partir de uno de los estudiantes originales de Takata, ya que el Reiki posteriormente se había dividido en dos ramas, una de las cuales había corrompido las enseñanzas originales de Takata luego de su muerte, pero esa es otra historia). Louise había pasado la mayor parte de su vida haciendo trabajos domésticos en mansiones de la clase alta en el Noreste.
Por otro lado estaban "Trudy" y su esposo "George", quienes también eran pensionados. Trudy era una mujer alta y enjuta, más parecida a un hombre en muchas de sus características que a una mujer. En un principio pensé que era bastante divertida y cautivadora con sus salidas ingeniosas y humor áspero. Pero conforme pasaba el tiempo, comencé a notar un cierto componente de crueldad en sus observaciones, especialmente cuando eran dirigidas a su marido o cuando versaban sobre el tema de este. Yo lo atribuí a familiaridad de trato típica de las personas casadas por mucho tiempo. Además, ¿quién era yo para asegurar que él no se había granjeado tales observaciones por su comportamiento? ¿Quizás esa era su particular manera de demostrarse afecto? George era un hombre de negocios retirado, dueño de varias patentes y antiguo dueño de varias fábricas. Su esposa había trabajado como secretaria suya antes de casarse, y ambos se habían divorciado de sus respectivos cónyuges para contraer matrimonio. Se les consideraba como los miembros más "afluentes" del grupo, y por consiguiente tenían cierto "estatus". Había otros más dentro de este grupo de los más añosos, que no descollaban demasiado, así que no haré mención específica de estos más allá de decir que había unos 4 o 5 cuya presencia era habitual. De entre estos, dos eran enfermeras y no puedo recordar mayor cosa acerca de los otros.

Luego estaba el contingente de los jóvenes, algunos de mi misma edad o inclusive más jóvenes, siendo las más activas "Candy" y "Sandy". En caso de que el lector no lo haya notado aún, "Candy" es la misma persona denominada "Maryann" en la primera sección de la serie de "La Onda". Cuando comencé a escribir estas páginas no tenía idea de que iba a terminar hablando de Candy más allá de lo necesario para introducir el tema. No era mi intención ahondar en detalles como las "claves" encerradas en los nombres. Así que yo le di un seudónimo que no era más que un nombre cualquiera inventado. En el caso presente, en vista de que el nombre resultó ser parte de un sistema de claves, me he visto forzada a ser más creativa y seleccionar nombres más "funcionales", por decirlo de alguna manera.
Sandy era una antigua cantinera que había "despertado" a los asuntos espirituales luego de la muerte de su prometido. En esa época decidió entrar a una escuela para aprender masaje terapéutico y salir del ambiente de los bares. Hasta mucho tiempo después, no conocía otros detalles de su vida.
Por último, estaban los miembros considerablemente jóvenes, como el caso de "Tim". Tim era un jovencito que daba la apariencia de ser muy avanzado en el sentido espiritual. Resultaba poco usual ver a alguien tan joven estar tan comprometida con la causa de ayudar a los demás. Declaraba que su afiliación religiosa era hacia la Wicca, lo cual posteriormente probó tener efectos interesantes.

Mientras continuábamos reuniéndonos todas las noches de Miércoles para las sesiones de Reiki, tenían lugar una serie de conversaciones por encima de las mesas. Puesto que el Reiki no requiere de ningún estado meditativo ni tampoco de concentrarse en rituales ceremoniosos, quedábamos básicamente libres para ocuparnos de dos cosas a la vez: el Reiki y la conversación. Estas conversaciones abarcaban todos los tópicos posibles dentro del marco de nuestras propias experiencias de desarrollo espiritual. Yo me sentía un poco renuente a hablar de muchas de las mías, pero luego de algún tiempo, me sentí más predispuesta a compartir algunas de ellas con los demás, y sentí como comenzábamos a formar un fuerte lazo de confianza y cercanía.
Rápidamente puse al grupo de Reiki al tanto de mis ideas acerca de la canalización y acerca del experimento que llevaba a cabo junto a Freddie. Una de las damas del grupo de los más añosos se pronunció contraria a nuestra selección de la tabla como instrumento de canalización, citando la película El Exorcista como prueba de sus funestas consecuencias. Yo repliqué citando los hechos del caso real sobre el cual estaba basada la película, que NO indicaban que la tabla había sido el principal elemento dentro de la posesión demoníaca, y agregué una mención al hecho de que la mayor parte del mejor material recopilado en la historia de la canalización había sido, o bien transmitido por medio de un instrumento tipo tabla, o bien había tenido su inicio a través de semejante instrumento. Todo el mundo comenzó a hacer más y más preguntas acerca del experimento, así que les conté todo lo que pude, y hablé además acerca mi trabajo de hipnotismo. El tema del hipnotismo condujo hacia mis más recientes revelaciones acerca de los OVNIs y de los plagios, que de alguna manera me había "preparado" para ser luego "conducida" en presencia del grupo de Reiki, y todos encontraron sumamente divertido el hecho de que yo hubiera de ser perseguida por los alienígenas antes de encontrar el Reiki.

Todos estaban pasándola de maravilla, en medio de buena cantidad de risas y diversión. Antes de retirarme en dirección hacia mi casa mencioné que si alguna persona estaba interesada en tomar parte en el experimento, sería bienvenida durante la noche de Sábado, que era cuando nos sentábamos para trabar contacto. Cuatro y cinco de ellos se mostraron suficientemente interesados como para decidir que querían probar suerte, así que quedamos en que asistirían a la próxima sesión.

Al día siguiente Candy me telefoneó sonando bastante misteriosa mientras me decía: "Hay algo que debo decirte y no sé de qué manera hacerlo, pero debes de cuidarte de Trudy".
"¿Cómo?", dije yo. "¿Qué quieres decir?". ¿Una serpiente en el jardín del Reiki, quizás?
Candy explicó: parece ser que la otra noche, luego de que yo me había retirado, Trudy había hecho unos comentarios bastante cáusticos acerca de mí en términos de que yo era una especie de "sabelotodo" y de que cualquiera que tomara parte en lo que yo proponía ciertamente estaba destinado a ser "embaucado" y ser conducido por el camino de la destrucción. O palabras similares, de cualquier manera. Yo me sentí terriblemente herida porque no tengo la costumbre de "predicar" a ninguna persona, pero sí tiendo a abrirme fácilmente y compartir con otros acerca de mis experiencias y acerca de los resultados de las investigaciones de otros autores a los que considero más calificados que yo para emitir opiniones.
"Pero tienes que entenderlo", siguió diciendo Candy. "Trudy es una especie de madre para el resto de nosotros. Simplemente está siendo protectora. Sus intenciones son buenas, es sólo que ella es de la vieja guardia. Creció con Cayce y todo eso. Tiene afición por los mantos largos y los rituales ceremoniosos. Inclusive la reverenda Ruth dice que está siendo preparada para asumir la conducción de la Iglesia, así que es lógico que se sienta responsable por todos nosotros y nos considere algo así como sus hijos".

El punto central de toda la conversación era que Candy me aconsejaba ser cautelosa acerca de lo que hablara en frente de Trudy y los demás, en vista de que todos estaban "chapados a la antigua" y eran de una mentalidad bastante estrecha, aún si en el fondo sus intenciones eran buenas. Se trataba de una maniobra diseñada con la finalidad de no "herir susceptibilidades". Esto, no hay duda, me resultaba enteramente comprensible y aceptable puesto que formaba parte de la filosofía de aceptación propia de la corriente del "amor y la luz". Al mismo tiempo, Candy quería participar en el experimento y someterse a algunas sesiones de hipnosis con la finalidad de "acelerar su crecimiento espiritual", puesto que tenía la idea de que estaba destinada a ser la próxima Jeane Dixon. Aparentemente la reverenda Ruth le había dicho que en su opinión ella tenía muchas posibilidades de ser admitida dentro del grupo de estudios más profundos, "pero no todavía". Candy estaba segura de estar lista y de que esto no era más que parte de la misma "mentalidad estrecha y anticuada" de parte de los del grupo de los viejos que no eran parte del Nuevo Paradigma de almas avanzadas encarnadas en cuerpos jóvenes. Simplemente no entendían la velocidad con que ciertas personas eran capaces de avanzar en las condiciones de "urgencia" del momento presente.
No estaba segura de estar completamente de acuerdo con sus ideas de que se suponía debía progresar con extrema rapidez, pero me reservé toda opinión al respecto hasta no tener la oportunidad de realizar algún trabajo con ella. Pero al menos había una explicación razonable para la curiosa "corriente subterránea" que había sentido en la iglesia: la actitud "anticuada" de los "viejos" hacia el contingente de los "jóvenes". Tenía sentido. Finalmente podía dejar de preocuparme acerca de las pequeñas "inconsistencias" detectadas. Además ahora sabía que Trudy estaba sumamente involucrada con los asuntos de la iglesia. No sabía cómo tomarme la observación acerca de los "mantos largos y los rituales ceremoniosos" puesto que aún no había sido testigo de ninguna cosa por el estilo, pero no le di demasiada importancia al asunto. Otra de las cosas que resultaba sumamente clara como resultado de la conversación era que Candy deseaba ser mi amiga y tener una relación más cercana que el simple encuentro semanal en el marco de las reuniones de Reiki.

¡Candy me resultaba muy divertida! Siempre estaba riéndose, bromeando o haciendo parodia de los pequeños defectos de las demás personas de la manera más cómica. Podía ponerse a contar una historia y no había cómo evitar el tener que sujetarse los costados por la risa que provocaba, mientras las lágrimas rodaban mejilla abajo ante semejantes retratos de las egocéntricas pequeñeces de la gente. Siempre tenía cuidado de introducir cada imitación con la aclaración de que "ya sabes que ADORO a fulano de tal, pero..." Todo era sana diversión y nunca demostraba tener malas intenciones. No obstante, yo comenzaba a preguntarme... si decía todas esas cosas acerca de las demás personas, ¿podía estar diciendo cosas similares acerca de mí? ¡Por supuesto que no! Candy era mi amiga. Teníamos una afinidad especial de la cual daban fe los muchos eventos sincronísticos que tenían lugar a diario cuando quiera que nos encontrábamos juntas. Yo podía estar hablando de algo con otra persona, cuando súbitamente Candy me telefoneaba y comenzaba a hablar exactamente de lo mismo. Cuando hablábamos por teléfono, había extraños ruidos y zumbidos en la línea, y luego de que hubiéramos comenzado a investigar los parámetros de sus experiencias de "plagio alienígena" por medio de hipnosis, bromeábamos diciendo que probablemente el gobierno tenía intervenida la línea telefónica y "espiaba" nuestras conversaciones. Yo reía ante la idea de que alguien se tomara la molestia de intervenir la línea par verificar lo que sabíamos acerca de los "alienígenas", porque ciertamente era bien poco lo que sabíamos con certeza. Pero Candy estaba convencida de que ella tenía "algo" que ellos querían, que el objeto de toda vigilancia era ella misma. Inclusive estaba convencida de que un hombre con el que había tenido una relación dentro del marco de una posible situación de plagio, más o menos durante la misma época en la que yo había sido conducida hacia el grupo de Reiki, era con toda seguridad un agente del gobierno enviado para vigilarla de cerca. Por otro lado, sentía que este individuo era su "alma gemela", y que estaba siendo utilizado como carnada para involucrarla en una especie de conspiración del gobierno, y que era su trabajo "salvarlo" de este predicamento.

Durante la siguiente reunión de Reiki noté una clara rigidez en el rostro de Trudy no más hube entrado en la habitación. Se mostraba distante y fría. Puesto que había sido "advertida" por Candy de ser más paciente y comprensiva, traté de ser especialmente cordial con ella y condescendiente con sus opiniones, al tiempo que procuraba guardarme las mías propias.
Mientras tanto, Trudy y George parecían tener problemas maritales. George había dejado de asistir a las reuniones de Reiki y Trudy se pasaba la sesión entera contándonos todas las formas terribles en que George la torturaba y la hacía víctima de sus juegos de manipulación mediante asuntos de dinero y, en general, de lo harta que estaba de tener que sufrir semejante infierno. Tenía que irse por un tiempo, así que fue a visitar a una amiga.
Poco después, una noche, Louise me llamó y me dijo que quería que yo les acompañara a ella y Candy a visitar a George, quien había llamado diciendo que necesitaba a alguien con quien hablar puesto que había sido "abandonado" por su esposa. Nos hizo saber de camino que pensaba que George se había mostrado "demasiado" interesado en su compañía cuando había telefoneado, así que no quería crear un problema con Trudy al realizarle una visita "privada" a su marido a sus espaldas, y esa era la razón de que nos hubiera solicitado estar presentes.
En el curso de esta pequeña reunión de charla y pizza, George no pudo controlarse y comenzó a llorar y a contarnos la terrible historia del abuso de que había sido objeto en manos de Trudy por largos años... de cómo ella había pasado de una dulce y devota esposa a convertirse en un monstruo abusivo que inclusive lo había amenazado físicamente, hasta el punto de que él temía por su vida ahora que se estaba volviendo viejo y más enfermo. Temía que ella pudiera matarlo para quedarse con su dinero.

Escuchamos horrorizadas toda su recitación de los eventos y sus pruebas de que las cosas no andaban bien en aquel hogar. A cada uno de los incidentes que él contaba, una, dos, o las tres de nosotras replicaba sugiriendo que tal vez solo se trataba de un malentendido. Pero él insistía en que su vida corría peligro, de que aquello no era cosa de simples malentendidos.
A cada una de sus quejas, alguna de nosotras proponía una posible solución, pero todas las ideas eran rechazadas por el hecho de que él estaba convencido de que Trudy tenía una especie de "poder" sobre él que lo dejaba completamente indefenso; ¡inclusive tenía la sospecha de que ella podría tratar de envenenarlo! En general, parecía estar tan temeroso de ella que no podía hacer otra cosa sino sentarse a esperar el momento de ser asesinado, bien por la agencia de alguna sustancia o por un acto de violencia. Tal actitud me resultó chocante. No podía entender cómo una persona podía sentarse a contar que su vida corría peligro a la vez que se manifestaba incapaz o desalentada de hacer otra cosa que no fuera llorar. Así que yo le dije que si en verdad pensaba que corría algún peligro físico, debía buscarse un abogado y cambiar todas las cerraduras mientras Trudy anduviera por los alrededores. Esa ciertamente parecía ser una solución razonable si lo que decía era cierto. ¡Y con cada exhalación nos aseguraba que por Dios lo era!
Así fue que George tuvo su buen llanto y al final de cuentas nos aseguró que buscaría un abogado a primera hora de la mañana. Luego de que todas le hubimos expresado nuestra simpatía con fuertes abrazos, nos retiramos para retornar a casa y fin del asunto. Crisis solucionada.

En la siguiente reunión de Reiki, entré en la habitación y cuando Trudy me vio dejó todo lo que estaba haciendo para venirse directo hacia mí. Se paró enfrente de mi y comenzó a denunciar lo vil serpiente que yo era, y a decir que cómo me atrevía a sugerirle a su marido que iniciara trámite de divorcio y la dejara puerta afuera de su propia casa. Terminó diciendo que no soportaba estar en la misma habitación que yo, ¡y acto seguido salió como una exhalación de aquel lugar!
Todo el mundo se quedó perplejo por espacio de un minuto. Miré a Louise y Candy que habían estado presentes cuando dije lo que le dije a George, todo lo cual este último con toda seguridad le había repetido a Trudy, que a su vez lo había interpretado completamente fuera de contexto. ¡Ninguna de las dos dijo una palabra en mi defensa! Posteriormente, en privado, me extendieron su simpatía diciendo que no tenía nada de qué preocuparme, que Trudy estaba pasando por un mal momento, pero yo estaba algo confundida al ver que ellas simplemente se habían quedado paradas sin hacer el menor esfuerzo por aclarar el asunto de inmediato, cosa que se pudo haber hecho con solo señalar lo que George había dicho para provocar semejante reacción. Si Trudy era inocente, como lo estaba sugiriendo, ¿acaso no convenía advertirle de todas las mentiras acerca de ella que su marido estaba esparciendo a los cuatro vientos? Yo estaba sumamente confundida, pero tanto Louise como Candy se mostraban totalmente despreocupadas del asunto.
Al día siguiente Louise me llamó diciendo que se había arreglado una reunión en un restaurante vecino con la finalidad de sentarse con Trudy y "aclarar todos los malentendidos". ¿Estaba yo dispuesta a asistir? ¡Por supuesto que lo estaba! Detestaba la discordia y las malas interpretaciones y, además, NUNCA había sido mi intención herir a Trudy. Yo simplemente había respondido a las declaraciones de George de que su vida corría inminente peligro. Si lo que había estado diciendo era la verdad, es seguro que debería de haber seguido mi consejo. Pero estaba claro que había una especie de juego aquí, y que ambos estaban arrastrando al resto de las personas a tomar parte en él.

Llegué al restaurante en compañía de Louise y Candy. Trudy ya estaba allí en compañía de otros que aparentemente estaban de su parte, instalados en una gran mesa redonda. Louise nos informó que también había invitado a otra dama que no era conocida de ninguno de los presentes excepto de ella misma, y que tenía la reputación de ser una extraordinaria psíquica. Ella pensó que "sería una buena oportunidad" para que todos conociéramos a esta dama, en caso de que accediera a venir, lo cual dudaba, puesto que se trataba de una especie de reclusa. Louise la había conocido en el curso de su desempeño como asesora en salud doméstica, y no hacía más que hablar maravillas acerca de las habilidades como "vidente" de esta dama desconocida.
Trudy no profería palabra alguna y obviamente no parecía contenta de estar presente. Yo tampoco estaba terriblemente feliz con las circunstancias, no habiendo hecho más que formular una observación honesta e inocente que parecía haber explotado en mi cara, pero estaba resuelta a hacer todo el esfuerzo requerido para que las cosas retornaran a la normalidad dentro del grupo y para asegurar a Trudy que, si alguien estaba jugando juegos aquí, esa no era yo. Estaba bastante molesta de que Louise y Candy de cuenta propia no hubieran aclarado a Trudy las circunstancias de la observación que hice y que había provocado semejante revuelo. Si lo hubieran hecho, estaba convencida de que todo disgusto se habría evaporado.
En ese momento, la esperada (y no esperada también) invitada hizo acto de presencia: Jeanie, que es su nombre real, si bien en el momento presente ella ya falleció, así que poco importa si empleo o no su verdadero nombre. Era como una extraña ave tropical que había sobrevolado por algunos instantes antes de decidir tocar suelo en la silla próxima a la mía. Pero justo cuando había comenzado a sentarse, la silla (montada sobre rodines) salió disparada hacia el centro de la habitación. ¡Yo hube literalmente de atraparla al vuelo para evitar que cayera en el suelo con un retumbo! En su estado de avanzada edad y frágil apariencia, tal caída habría probado ser completamente desastrosa. Ella se mostró sorprendida y confundida por algunos instantes, y Candy saltó para recapturar la silla. Nos las agenciamos para poner a Jeanie a buen recaudo, sana y salva en su silla, preocupados de que el susto la abrumaría y la haría soltarse en una letanía de lamentos y quejas tan propias de las gentes en edades avanzadas. ¡Pero Jeanie no se turbó ni siquiera un poquito! Me miró y dijo "¡Ahhhh! ¡Veo toda clase de buenos espíritus alrededor de ti! Vas a hacer GRANDES cosas. Sí. ¡Grandes cosas! ¡Santo Cielo!, ¡debemos hablar tú y yo! Pero más tarde será. ¡Pidamos ya porque estoy muerta del hambre!".
Bueno, eso alivianó sobremanera la pesadez de la atmósfera. De no haber sido por Trudy mostrándose ceñuda al otro lado de la mesa, lanzando miradas afiladas como dagas en dirección mía y enjugándose una lágrima de tanto en tanto, todos habrían pasado un rato fenomenal.
Finalmente llegamos a discutir el asunto entre manos, y Trudy se mostraba obstinadamente resulta a pensar que yo era una persona malévola, independientemente de lo que pudiera decir yo. Esa era la última palabra. Yo expliqué todos los detalles del incidente, de principio a fin, y mientras hacía eso miraba de tanto en tanto a Candy y Louise esperando una confirmación de los puntos más importantes, de todos los cuales ellas habían sido testigos, pero a lo sumo atinaban a decir "si, pareciera ser de esa manera", o, "creo que pudo haber sido así, pero no alcanzo a recordar exactamente". Toda la simpatía estaba siendo derramada hacia la "pobre Trudy". ¡Era algo inaguantable! Nunca antes me había encontrado en presencia de personas tan hipócritas que, asegurando ser amigas, eran incapaces de ofrecer una opinión personal y menos aún contar una serie de eventos tal y como tuvieron lugar.
Pero Jeanie, sentada a mi lado, declaró: "¡Será mejor que crean lo que dice esta jovencita, puesto que puedo VER la luz en ella! Hay una CANTIDAD de buenos espíritus a su alrededor, y si ella dice que eso fue lo que pasó, entonces ¡eso fue lo que pasó!". Todos tornaron a mirarla un tanto extrañados y optaron par callarse. ¡Ese viviría en mi memoria como uno de los almuerzos más extraños a los que haya asistido!
Bueno, finalmente y a regañadientes, Trudy aceptó aplacar su ánimo y desistir de "guardar rencores", y todos salimos al parqueo aprestándonos a regresar a casa. Jeanie se apoyó en mi brazo pidiéndome le acompañara hasta su auto, y de camino me dio su número de teléfono conminándome a que le llamara justo en el momento de llegar a casa.
Así lo hice. Lo que ella me dijo es probablemente una de las cosas más extrañas que jamás escuché. Dijo: "¿Viste cómo Trudy hizo que mi silla saliera disparada? Ella no me quería presente, ¡te lo puedo asegurar! Estaba furiosa de que yo hubiera aceptado la invitación. Y por poco no llego. Pude sentir su odio cuando me estaba alistando para ir. Pero el espíritu me dijo que había una razón por la cual yo debía estar presente, así que TENÍA que hacerlo. La razón es que tú necesitabas un aliado. ¡Ella también te odia! Y está enredada con toda suerte de cosas oscuras. Ese grupo en la iglesia: ¡yo me mantendría lo más alejada posible de ellos si estuviera en tus zapatos!", y otras cosas por el estilo. Cuando le pregunté qué era lo que estaba sucediendo con todo este asunto del malentendido, ella dijo: "Tienes la luz dentro de ti. Esa es la razón por la que todas esas personas te odian. Cuando la luz aparece en medio de la oscuridad, expone todas las cosas que antes estaban veladas. Ellos no pueden soportar la luz. Harán cualquier cosa para mantenerte alejada. Debes tener mucho cuidado. Hay cosas allí fuera que te pueden causar mucho daño. Yo lo se con certeza, porque toda mi vida han estado tratando de matarme. ¡Ahora tratan de matarte a ti! ¡Ten mucho cuidado con Louise! ¿Viste cómo se rehusó a decir una sola palabra en defensa tuya? Bueno, eso es porque es una de ellos. Y Candy también. Debes mantener la guardia en alto."

A estas alturas yo estaba convencida de que Jeanie era una especie de tía Clara, la del programa de televisión "Embrujada". Lo que me estaba diciendo simplemente no tenía ningún sentido. Era una verborrea desquiciada. Pero ella era tan dulce y sincera, y su preocupación parecía tan genuina que aseguré que iba a tener el mayor de los cuidados. Le prometí mantenerme en contacto. Le conté a Candy lo que había dicho, y las dos concordamos en que la pobrecita puede haber sido una gran psíquica (tal y como lo había asegurado Louise), pero era evidente que ahora iba en picada cuesta abajo.
Durante esta época Candy y yo nos comunicábamos todos los días. Cuando no nos hablábamos por teléfono ella venía a mi casa y yo dejaba todo lo que estaba haciendo para sentarme a dialogar con ella. Realmente disfrutaba de su compañía, y ella parecía disfrutar de la mía, y ambas teníamos una curiosidad insaciable por todo lo relacionado con la investigación de los "plagios alienígenas", así que pasábamos mucho tiempo hablando del tema y comparándolo con las diferentes enseñanzas que la reverenda Ruth promocionaba a través de su iglesia, lo mismo que con cualquier otra información proveniente de otras fuentes diversas. Cuando podía agenciármelas para salir de la casa, visitábamos juntas las tiendas de rocas o las tiendas metafísicas y curioseábamos entre todas las cosas que tenían disponibles, ocasionalmente comprando una roca, un poco de salvia o algún otro "intensificador de energía".

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